Las recetas para cocinar una solución


Organización tipo silo, falta de coordinación, nivel desigual de trabajo en equipo, liderazgo débil… Surge el debate en las redes, en los medios o en las jornadas y congresos, y los expertos de todo tipo ponen sobre la mesa sus soluciones. Citan artículos de revistas serias, citan teorías de expertos (más o menos cercanas al mundo sanitario) o incluso citan informes o guías de otros países sobre la aplicación de esas soluciones.


Y no nos damos cuenta de varias cosas:
– Encontrar la solución es solo el primer paso. Lo realmente difícil es poner en marcha esa solución, ya que la cultura de cada organización es un elemento muy a tener en cuenta.
– Las soluciones de otros países tal vez no funcionen en nuestro entorno. Seguramente el área sanitaria de Matalascabrillas del Monte no es exactamente igual a una zona rural de Gales o de Escocia.
– Creemos que las teorías más recientes o con un halo de innovación mayor van a solucionar todos los problemas casi de forma instantánea. La mayoría de las veces esos problemas se han enquistado y se han transformado en características de nuestro sistema, y la mejora debe realizarse con cambios estructurales, difíciles de poner en marcha, con resistencias al cambio muy acusadas, y que además suelen ir asociadas a rupturas del statu quo que igual no son bien recibidas. 
– Llega un nuevo gerente, y en dos semanas anuncia un importante cambio en la organización. Salvo excepciones, esto provoca un incremento de la desconfianza. No tener en cuenta a los profesionales de “la casa” es desperdiciar el talento interno, que siempre existe (y a veces es mucho y muy bueno). Cambiar por cambiar es casi fracaso seguro.
– El problema de no evaluar la puesta en marcha de cambios organizativos es que podemos llegar a conclusiones incorrectas. Medida A (algo estilo crónicos por ejemplo) asociada a cambios B (mejora de las consultas, por ejemplo) y C (mejora de las transiciones de pacientes, reitero lo del ejemplo ya que son medidas al azar) para su puesta en marcha. Y dos años después se observa una mejora en algunos indicadores. Dado que no hay evaluación, muchos dirán que la medida A ha conseguido resultados positivos, pero… ¿y si el verdadero motor de la solución ha sido el cambio B o el C?